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domingo, 12 de octubre de 2014

Nota histórica del Perú

Fragmento de la sentencia pronunciada en el Cuzco por el Visitador D. José Antonio de Areche, contra José Gabriel Tupac-Amaru, su muger, hijos y demas reos principales de la sublevacion.

En la causa criminal que ante mí pende, y se ha seguido de oficio de la Real Justicia conta José Gabriel Tupac-Amaru, cacique del pueblo Tungasuca, … por el horrendo crimen de rebelión...
… debo condenar, y condeno a José Gabriel Tupac-Amaru, á que sea sacado á la plaza principal y pública de esta ciudad, arrastrado hasta el lugar del suplicio, donde preséncie la ejecucion de la sentencias que se dieren a su mujer, Micaela Bastidas, sus dos hijos Hipólito y Fernando Tupac-Amaru á su tio, Francisco Tupac-Amaru, á su cuñado Antonio Bastidad, y algunos de los principales capitanes y auxiliadores de su inicua y perversa intencion ó proyecto, los cuales han de morir en el propio día; y concluidas estas sentencias, se le cortará por el verdugo la lengua, y despues amarrado ó atado por cada uno de los brazos y pies con cuerdas fuertes, … [a] las cinchas de cuatro caballos; … partan ó arranquen á una voz los caballos, de forma que quede dividido su cuerpo en otras tantas partes, llevándose este, luego que sea hora, al cerro ó altura llamada de Picchu, … para que alli se queme en una hoguera que estará preparada, echando sus cenizas al aire. .Su cabeza se remitira al pueblo de Tinta, … uno de los brazos al de Tungasuca, … y el otro … en la caputal de la provincia de Carabaya … una pierna al pueblo de Livitaca en la de Chumbivilcas, y la restante al de Santa Rosa en la de Lampa, … Que las casas de este [Túpac Amaru] sean arrasadas ó batidas, y saladas á vista de todos los vecinos del pueblo … Que se confisquen todos sus bienes, á cuyo fin se dá la correspondiente comision á los jueces proviciales...
Así lo proveí, mandé y firmé, por esta mi sentencia definitivamente juzgando.

JOSE ANTONIO DE ARECHE




El cielo sintió la muerte del Inca

“...salieron de la compañía nueve sugetos, … José Verdejo, Andres Castelo, un zambo Antonio Oblitas … Antonio Bastidas, Francisco Tupac-Amaru, Tomasa Condemaita, … Hipólito Tupac-Amaru, … Micaela Bastidas, … y el insurgente José Gabriel...

Este dia concurrió un crecido número de gente, pero nadie gritó, ni levanto una voz: … no se veian indios, á lo menos en el trage mismo que ellos usan y si hubo algunos, estarían disfrazados con capas ó ponchos. Suceden algunas cosas... porque, habiendo hecho un tiempo muy seco, y dias muy serenos, aquel amaneció tan toldado, que no se vió la cara al sol, amenazando por todas partes á llover; y á hora de las 12, en que estaban los caballos estirando al indio, se levantó un fuerte refregón de viento, y tras este un aguacero, que hizo que toda la gente, y aun las guardias, se retirasen á toda prisa. Esto ha sido causa de que ellos indios se hayan puesto á decir, que el cielo y los elementos sintieron la muerte del Inca, que los españoles inhumanos é impios estaban matando con tanta crueldad”



Fuente: Documentos para la historia de la sublevación de José Gabriel de Tupac Amaru cacique de la provincia de Tinta en el Perú. Buenos Aires. 1936. 

domingo, 20 de abril de 2014

El fetiche del bolígrafo


El amargo encanto de la máquina de escribir

Gabriel García Márquez

El País en 7 de Julio de 1982


Los escritores que escriben a mano, y que son más de lo que uno se imagina, defienden su sistema con el argumento de que la comunicación entre el pensamiento y la escritura es mucho más íntima, porque el hilo continuo y silencioso de la tinta hace las veces de una arteria inagotable. Los que escribimos a máquina no podemos ocultar por completo cierto sentimiento de superioridad técnica, y no entendemos cómo fue posible que en alguna época de la humanidad se haya escrito de otro modo. Ambos argumentos, desde luego, son de orden subjetivo. La verdad es que cada quien escribe como puede, pues lo más difícil de este oficio azaroso no es el manejo de sus instrumentos, sino el acierto con que se ponga una letra después de la otra.Se ha hecho mucha literatura barata sobre las diferencias entre un texto escrito a mano y otro escrito a máquina. Lo único cierto, sin embargo, es que la diferencia se nota al leerlos, aunque no creo que nadie pueda explicarlo. Alejo Carpentier, que era escritor a máquina, me contó alguna vez que en el curso de la escritura tropezaba con párrafos de una dificultad especial, que sólo lograba resolver escribiéndolos a mano. También esto es tan comprensible como inexplicable, y sólo podrá admitirse como uno más de los tantos misterios del arte de escribir. En general, yo pienso que los escritores iniciados en el periodismo conservan para siempre la adicción a la máquina de escribir, mientras quienes no lo fueron permanecen fieles a la buena costumbre escolar de escribir despacio y con buena letra. Los franceses, en general, pertenecen a ese género. Hasta los periodistas: hace poco, en Cancún, me llamó la atención encontrar al director del Nouvel Observateur, Jean Daniel, escribiendo a mano su nota editorial con una caligrafía perfecta. El famoso café Flore, de París, llegó a ser uno de los más conocidos de su tiempo porque allí iba Jean Paul Sartre todas las tardes a escribir las obras que todos esperábamos con ansiedad en el mundo entero. Se sentaba muchas horas con su cuaderno de escolar y su estilógrafo rupestre, que muy poco tenía que envidiar a la pluma de ganso de Voltaire, y tal vez no era consciente de que el café se iba llenando poco a poco de los turistas de todas partes que habían atravesado los océanos sólo por venir a verle escribir. Sin embargo, no había necesidad de verlo para saber que era una obra escrita a mano.
En cambio, es difícil imaginar a un norteamericano que no escriba a máquina. Hemingway, hasta donde lo sabemos por sus confesiones y las infidencias de sus biógrafos, usaba los dos sistemas -como Carpentier-, y ambos del modo más extraño: de pie.