Un dilema ético muy usual en cualquier curso básico de ética son todos los relacionados con los abusos que pueden surgir de los cálculos utilitaristas. Esto quiere decir: ¿hasta qué punto el fin justifica los medios? Uno de mis favoritos reza si estaríamos dispuestos a realizar una tómbola de órganos. Al azar se seleccionarían ciudadanos para quitarles sus órganos y dárselos a otros que los necesitan, ¡los números cuadran! Por cada persona despiezada se pueden salvar a muchas: un corazón, dos riñones, un hígado, un páncreas, dos retinas, médula ósea... ¿10 por 1? Parece que por los cálculos utilitaristas que gobiernan el mundo sería ¿lícito? El único inconveniente es que no podremos alardear de chovinismo patriótico en cuanto a temas de trasplantes de órganos. ¡Más de uno necesita un cerebro nuevo! Pero no os preocupéis, el gobierno está haciendo todo lo posible para que el sistema de trasplantes español no siga siendo el mejor.
Al asunto, es habitual frente al utilitarismo consecuencialista contra-ejemplificar con la tómbola de órganos, para demostrarle que sus propuestas pueden traer excesos. Pero claro, la ficción nunca está lejos de la realidad y en este caso, uno encuentra una noticia relacionada con el tema tratado y que no deja indiferente a nadie:

